Are We Replaceable?


Hace meses que renuncié a mi trabajo anterior. Creo que soy la primera persona que llora cuando renuncia (o cuando está dando un speech en un debate sobre la legalización de la marihuana en 5to de prepa), pero la verdad es que no quería renunciar. Me llevó muchísimo tiempo tomar la decisión. Iba a entrevistas de trabajo y después esperaba que no me hablaran para no tener que irme. Estaba feliz en mi trabajo y mi jefe era un tipazo. Pero como nada es perfecto en la vida, mi gran trabajo no me daba pal gasto.

Así que bueno, por fin me armé de valor y renuncié. Y sufrí todo el mes que me quedé ahí después de haber renunciado porque, aquí entre nos, esperaba que en el momento de renunciar, mi jefe saltara como knight in shinning armor que va a robarse a la novia cuando está a punto de darle el “sí” al malo y dijera “yo me opongooooooo”. Y pues no, nunca pasó.

Sinceramente no lo entendía. No quería quedarme ahí aunque me lo pidiera, pero quería que me lo pidiera. ¿Si sa’s como? Pues así. Quería que se diera de cuenta de lo maravillosa que soy y de que sin mi su área se caería y él terminaría suicidándose después de acabar con deudas que lo ahogaran a tal grado que tuviera que trabajar de gigoló. Y pues no, nunca pasó.

Ya pasaron algunos meses de eso. Mi indignación se ha ido reduciendo constantemente poco a poco, aunque a veces mi devastación moral regresa para acabar con mi felicidad momentaneamente. Hasta que ayer por fin lo entendí, o más bien, vi lo que siempre me negué a ver: todos somos reemplazables.

Por lo menos esa es la teoría de mi ex-jefe. Y supongo que le ha funcionado todas las veces que alguno de sus empleados renuncia, así sin más (lo deduzco porque hasta la fecha no se ha suicidado, ni ha tenido que trabajar de gigoló hasta donde tengo entendido). Y aunque yo ya lo sabía, porque en diversas ocasiones estuve ahí cuando otros renunciaban, no lo quería creer. O más bien, me contaba el cuento que todas las mujeres se cuentan cuando ven a los hijos malcriados de sus amigas: “pero conmigo va a ser diferente”. In other words: bullshit.

Lo que me cuesta trabajo averiguar es si en verdad todos somos reemplazables en todos los aspectos de nuestra vida, o si somos reemplazables al menos en alguno. ¿En verdad todo lo que uno hace lo puede lograr alguien más? ¿En verdad no hay nada que nos distinga de otros? ¿No tenemos algún talento particular, o es simplemente que ese talento no es tan relevante? Suponiendo que leyéramos revistas, ¿lograríanos darnos cuenta si intercambiaran a nuestra columnista favorita por otra, sin cambiar el nombre?

Mientras no podía dormir (o mientras dormía, no estoy segura), llegué a asuntos mucho más profundos. ¿Somos reemplazables en la vida? Si en lugar de empezar a salir con mi primer novio, hubiera empezado a salir con su amigo, ¿me hubiera enamorado de él? Si nunca hubiera conocido a Ex-Prometido #1 (Ahora Esposo #1) y me hubiera casado con alguien más ¿no hubiera sido tan feliz? ¿Nos enamoramos de alguien o de algo? ¿De un sentimiento o de una (o varias) cualidad personal?

Creo que todos tenemos formas distintas de hacer las cosas, que van relacionadas con la personalidad y demás cosas. Aunque la historia nos haya enseñado lo contrario, lo contrario siendo que siempre que cortan (ustedes mortales) con alguien, encuentran a alguien más y siguen adelante sin problema alguno. Lo contrario siendo que cuando alguien renuncia, es reemplazado sin más ni más. Y ese novio de reemplazo o empleado de reemplazo sigue haciendo el mismo trabajo que hacia el anterior, algunas veces hasta por menos dinero. (¿Qué, ustedes nunca le han pagado a sus novios? No han vivido…).

Entonces, ¿somos o no reemplazables? Si se muere tu perrito y adoptas otro, ¿no le enseñas los mismos trucos? Vaya, hay gente que hasta le pone el mismo nombre. ¿No le enseñas los mismos trucos también a tu nuevo empleado, o a tu nuevo novio? (Paren ya de juzgarme, si sus novios no hacen trucos no es mi culpa). Entonces, ¿no somos reemplazables? o más bien ¿queremos que la gente sea reemplazable y nosotros hacemos que sean reemplazables? Si es el segundo caso, ¿que detiene a los demás de hacernos reemplazables a nosotros? En un mundo lleno de juegos mentales, ¿cómo logramos que esto se detenga? Y en el fondo, ¿queremos que se detenga?

Sus respuestas son bienvenidas, porque yo ya me volví a arder de que mi ex-jefe no me pidiera que me quedara. ¿Reemplazable, yo? Pamplinas.

3 Comments Add yours

  1. pablo cruz's avatar pablo cruz says:

    T E R A P I A 🙂

  2. Yetto's avatar Yetto says:

    ¡Pero qué tal!

    Hay una máxima que alguna vez me comentó un compañero de la carrera que aplica perfecto “todos somos necesarios, nadie es indispensable”. La cuestión va más allá de si una persona es o no “reemplazable”; a final de cuentas, nadie es Superman y es capaz de hacer cosas que NADIE más puede, pero sí tiene un “no-se-qué” que solo ESA persona tiene. Considera que TODOS tenemos un “no-se-qué” diferente.

    Es muy curioso que escribas sobre esto considerando que yo también llevo mucho tiempo jugando con la idea de renunciar. Mi jefe, que tiene mi edad y nos terminamos volviendo amigos, se va mañana de la empresa y, mientras que Gerente de Marketing no es la plaza más irreemplazable precisamente, NADIE lo sabrá hacer como él y NADIE va a convivir con los demás como lo hacía él.

    A lo que voy, es que sí puedes ser reemplazable, pero jamas puedes ser 100% sustituible por una persona 100%igual a ti. Porque si vas a reemplazar a alguien con un clon, ¿para qué dejar que se vaya en primer lugar? Tú estás haciendo lo mismo con tu trabajo: vas a trabajar en el mismo giro, haciendo cosas relativamente similares, ganando hasta mejor; pero NUNCA lo sentirás igual (para bien o para mal).

    ¡Un abrazo!

Leave a reply to pablo cruz Cancel reply