Addicted


“Nunca confíes en alguien que no tiene adicciones”. Cuando leí esa frase, hace algunísimos ayeres, estaba completamente indignada ya que me aseguraba que yo no tenía ninguna adicción. No fumaba, tomaba con moderación y no tomaba ningún tipo de droga o estupefaciente, así que para mi yo no era adicta a nada, ergo no era una persona digna de confianza.

Pero pasaron los años, seguí sin fumar, tomando con moderación, alejada de las drogas, pero comencé a notar cierto tipo de conductas, por decirlo de alguna forma. En esas épocas, un amigo muy querido optó por alejarse del alcohol, y cuando llevaba un año sin tomar me invitó a su aniversario. Ese día él era el protagonista y habló aproximadamente una hora de cómo cuando dejó el alcohol trasladó su conducta adictiva a otras cosas, incluyendo el cigarro, la comida y las personas a su alrededor. Salí de ahí convencida de mi inmensa cantidad de conductas adictivas, lista para inscribirme a AA sólo para que me ayudaran a alejarme de ellas.

Seis años después de aquel día, he seguido analizando la situación a detalle, llegando a diversas conclusiones que me gustaría compartir con ustedes:

1. La primera adicción que tuve fue cuando nací. Era muy fan del biberón y no me da pena decir que seguí tomando mi lechita en biberón hasta entrados los 4 años. Mi mamá amablemente sugirió un día que empezara a tomar leche en vaso (porque esta situación era exclusiva de la leche, todo lo demás lo tomaba en vasito sin problemas). Fue un drama impresionante, pero llegó un momento en que no me quedó más que aceptar la voluntad de mi señora madre.

2. Después de tan arriesgada decisión tomada por mi joven mamá, no pensaría que se iba a salir con la suya (espero). Efectivamente, dejé de tomar leche en biberón pero me volví completamente adicta a la leche con chocolate. Le ponía unas 10 cucharadas de Quik a mi leche, y si no era así no tomaba. Mi mamá me regañó y dijo que me iba a hacer daño, y desapareció el chocolate de mi casa. Desde entonces no tomo leche.

3. Cuando me quitaron el chocolate, mi mente buscó algo para sustituirlo. La leche ya estaba olvidada, nada me regresaría el agradable sabor del Quik en las mañanas. Así que busqué en mi alacena y vi varias cosas suculentas, como el queso parmesano. Pasé dos años comiendo todos los días un plato entero de queso parmesano (el de botecito que ya está rallado. Era muy inteligente a esa edad, pero aún así la cabeza no me daba para ponerme a rallar queso).

4. Soy bastante impaciente y me aburró fácilmente. Así que pasó lo que tenía que pasar con el queso y me aburrí. Aún así necesitaba algo para enajenarme mientras veía una y otra vez Robin Hood. Fue cuando descubrí la catsup. Comía cucharadas y cucharadas hasta que descubrí los sobrecitos de McDonald’s et al. Esta adicción no duró mucho tiempo porque no siempre conseguía los sobrecitos.

5. Mi primo me inició en el arte de las cosas crudas. Empezamos con espagueti, era muy divertido porque jugábamos espaditas con ellos y después los mordíamos. Le fui agarrando un cierto gusto a la pasta cruda que a la fecha no se me quita. Mi mamá insiste en esconder todas las bolsas de sopa de pasta que compra para que yo no acabe con ellas. Ahora no se limita solo a espagueti, no hago distinción más que en la marca (la REX es asquerosa, FYI).

6. Continuando con mi tema de las cosas crudas, mi prima era fan de la repostería. Yo le ayudaba con la condición de que pudiera comer los restos de la masa que hubiéramos utilizado. No me dejó volver a entrar a su cocina cuando de haber hecho masa suficiente para 100 galletas, solo quedaba para 40.

7. Ya iniciada en la repostería, conocí cosas como la Marshmallow Cream. Era básicamente un montón de malvaviscos hechos puré y envasados. Esta era la época en la que iba muy seguido a Nuevo Laredo a ver a mi familia así que tenía acceso ilimitado a la dichosa crema que solo vendían en EUA.

8. Llegó un momento en el que dejé de ir a Nuevo Laredo, y mi Marshmallow Cream llegó a su fin. Con ella se fueron también todos los dulces que ahora solo puedo comer en MUY pocas cantidades.

9. A partir de ese momento, mis adicciones comenzaron a llegar para quedarse, pero muy extraño porque son por etapas. Incluyendo música, comida, libros, celulares, la forma en que mi cuarto está arreglado, películas, ropa… puedo usar el mismo suéter casi todos los días (solo porque lo tienen que lavar #YAsí) durante dos o tres meses, hasta que me aburro y entonces ya no me lo vuelvo a poner en mucho, mucho tiempo.

10. Mi impaciencia y aburrimiento me lleva a cambiar todo constantemente. Hoy había prometido este post a @pablo_ci, pero me tardé porque me entró en la cabeza la idea de reacomodar mi cuarto, and so I did. Me tomó un poco más de tiempo del esperado, pero lo logré.

11. Durante años pasé no más de 6 meses con el mismo celular. No me importaba si tenía que comprar el nuevo aparato, cambiar de plan, aumentar mi plan o cambiarme de compañía telefónica, me aburría ver siempre el mismo teléfono.

12. A cada libro le doy un cierto tiempo para ser leído. Si en ese tiempo no lo he terminado, lo dejo y no vuelvo a leerlo en algunos meses, aún cuando me falta poquito para acabarlos.

13. Día tras día, la misma canción puede sonar en repeat en mi iPod. Pocas son las que logran pasar esa ruda terapia de autoaversión y puedo seguir escuchándolas, aunque con menos intensidad.

14. En alguna época de mi vida pasé días enteros viendo una y otra vez Mean Girls. No, no me enorgullece confesarles esa situación, pero aquí se habla con la verdad. También me pasó con La Bella y La Bestia, Robin Hood, El Rey León y La Dama y el Vagabundo. Recientemente ya no son películas, pero estoy totalmente traumada con The Good Wife. Have un mes fue Mad Men y hace 3 Grey’s Anatomy. No paro hasta que no termino con todos los capítulos.

15. El día en que probé un Sabritón fue mi perdición. Los amo con locura, y la cantidad de grasa que acumulan en cada una de las células de mi cuerpo sé que me perseguirá para siempre. Pero me niego a abandonarlos, somos uno mismo.

Las conductas adictivas que les he mencionado con anterioridad, rara vez influyen lo suficiente en mi vida como para que alguien las note (excepto por mi adicción a la tele en la infancia. Mi tío (QEPD) me decía cada que me veía que me iba a convertir en tele. Nunca pasó, pero hubiera estado cool), así que no me preocupan mucho. Además de que en mi cabeza, las considero como conductas adictivas no dañinas.

El problema está en mi adicción más grande hasta ahora. La adicción más peligrosa, que más te puede lastimar… me declaro total y absolutamente adicta al amor. He tenido una basta cantidad de novios, empezando con mi vecinito cuando tenía 10 años, y de ahí hasta la fecha, con relaciones largas y pocos intervalos de soltería. Nada, absolutamente nada en el mundo es más peligroso que el amor. Tengan cuidado y luego no digan que no se los advertí. No quiero aburrirlos con melosidades y cursiladas, pero creo que eventualmente cualquier adicción se puede acabar, incluso la más arraigada, la más fuerte, la más peligrosa. Mi adicción al amor terminó cuando lo encontré. #EnElConsejoDeLasExpertas, busquen eso que les hace falta para que las adicciones lleguen a su fin. Pero no acaben con todas porque “el hombre, para vivir feliz, necesita seguir siempre cometiendo errores” (and you can quote me on that one).

Nota de Wewereonlykids: para Pablo, que valientemente cambió sus adicciones a unas menos peligrosas.

Segunda nota de Wewereonlykids: la canción que inspiró el título de este post (no, tampoco estoy orgullosa de esto) es de Enrique Iglesias *sigh*. Se las dejo…


3 Comments Add yours

  1. PABLO's avatar PABLO says:

    BUENISIMO!!

    Como adicto, te felicito. Pocas personas pueden expresar tan bien esto.
    Comparto varias adicciones contigo, principalmente la de Robin Hood, vi tanto esa película que al final me resultaba raro que mis papas y mi hermana no fueran zorros jaja, la hice mi realidad.
    Muchas veces me preguntan cual es la diferencia entre un adicto y un “normal”. Para empezar NADIE es normal, creo firmemente que la diferencia entre un adicto a sustancias y una persona que no lo es, es MINIMA, hay un momento en la infancia (por lo general) en donde se juntan “el hambre y las ganas de comer” y entonces ya valió madres. Que quiero decir? Que perfectamente usted, la creadora de este blog podría ser una de nosotros (as in vampires) pero no lo eres, aunque cumplas con casi todos los requisitos (hipersensible, obsesiva, intensa, inteligente) y no es bueno ni malo. Mi adicción no me determina como persona aunque determina mis acciones día a día.

    Muchas gracias por este post.

    It is an honour to be part of this.

    1. Gaby's avatar gaby says:

      Tengo una historia muy simpática de Robin Hood que involucra a mi mamá saliendo de Lady Marian en la obra de teatro del kinder de mi hermana hace algunos años, y la niña entrando orgullosa a las tiendas de la mano de mi mamá, gritando a los cuatro vientos que su mamá es una zorra, osea Lady Marian jajajaja #priceless

  2. Yetto's avatar Yetto says:

    Definitivamente, me quedo con la frase: “el hombre, para vivir feliz, necesita seguir siempre cometiendo errores”. We need the freedom to fuck up every now and then.

    Yo también llegué a pensar que alguien que no tenía hobbies o alguna pasión en particular (o rareza) era aburrido. Me frustraba llegar con alguien que no tenía alguna adicción de ese tipo o alguna predilección por algo, aunque fuera un tipo de música – génerico = boooooooriiiing.

    P.S. La sección de espectáculos del periódico la leo de la última página a la primera. Solo hago eso con esa sección, si acaso llego a leer otra, la leo normal. Funny stuff.

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