Fénix

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No les había yo comentado, pero fíjense que mi más reciente conquista me llevó hace como tres semanas al lugar este donde fueron las Olimpiadas del 68 (no que yo me acuerde muy bien, si era una chiquilla en esas épocas). Tenía sin aquellas épocas desde ir y pues aquí entre nos, no lo vi muy cambiadito.

Cuando Derrick (así se llama el galán en cuestión) me dijo que íbamos al Palacio de los Deportes pues yo esperaba ver una competencia de algún tipo, como aquel partido de basquetbol al que llevé a mi hijo mayor… digo, que me llevó mi papá a ver. Y luego me dijo que pasaría por mi a las 6 de la tarde y me emocioné aún más. Me imaginé en uno de estos juegos llenos de estrellas como la Desperate Housewive, la chaparrita esta bonita que siempre se la pasa en esos partidos, viéndose elegantísima…

Así que desde las 12 del día comencé a arreglarme, a mi edad ya no es tan fácil ocultar todo lo que quiero ocultar. Me puse mi faja reductora, pestañas postizas, peluca, mascada roja, pantalón de lino blanco, blusa de seda azul marino, zapatos de tacón en los mismos colores. A las 5.50, cuando por fin acabé mi arreglo, me vi en el espejo… Lola, eres un cuerazo.

Derrick tocó el timbre a las 6 en punto. Abrí con mi mejor sonrisa, la cual se fue desvaneciendo poco a poco al ver una motocicleta estacionada en mi entrada y a Derrick con unos pantalones de mezclilla muy rotos, así como los que le acabo de tirar a la basura a mi hijo el más chico. Bueno, así son estos muchachos de hoy, pensé. Porque no están ustedes para saberlo, ni yo para contarlo, pero Derrick es un hombre menor. No que yo sea mucho más grande que él, pero si le llevo unos añitos. Me hace sentir joven.

La sonrisa regresó a mi cara cuando vi a Derrick desvistiéndome con la mirada. Lo traigo muerto. Así que no me quedó de otra que treparme como pude al medio de transporte del mismísimo Satanás, lo cual sólo nos tomó media hora, y nos pusimos en marcha.

Llegamos muy rápido en la motocicleta, pero a costa de mis pantalones de lino. Llegaron hechos chicharrón y con algunas manchas de grasa. No estaba preparada para esa situación. En cuanto llegáramos a la alfombra roja tendría que entrar tapada por Derrick, aunque no sabía si eso sería más perjudicial, mis pantalones por lo menos no estaban rotos…

Nos estacionamos en un muy lleno estacionamiento, en medio de gente vestida igual que Derrick. Está bien, así todas las cámaras se enfocarán en mí. Cuando llegamos a la entrada, no hubo alfombra roja, ni siquiera un reflector, ni un paparazzo, nadita de nada.

Así que entramos al lugar. Derrick me ofreció comprarme una hamburguesa y una cerveza. No iban con mi outfit, pero el paseo en moto me había dejado muy hambrienta, así que acepté. Estaba a media mordida de mi hamburguesa, cuando una horda de adolescentes pasó corriendo a mi lado, logrando que se saliera la carne de la hamburguesa por atrás y cayera sobre mi blusa de seda. Para ese momento estaba muy feliz de que no hubiera habido alfombra roja en el magno evento.

Derrick me dijo que era hora de entrar y me guió por el camino. Esperaba llegar a nuestros asientos porque estaba cansada de caminar con los hermosos zapatos que había elegido para la ocasión. Así que se imaginarán mi sorpresa cuando llegamos a una explanada sin ni una sola silla, con un montón de gente menor algo bebida que gritaba leperadas al por mayor. Me asusté cuando Derrick señaló el piso para contestar mi pregunta de dónde me podía sentar, y más aún cuando me dijo que todavía faltaban 2 horas para que empezara el espectáculo.

En las 2 horas que no tuve más remedio que pasar sentada, estuve analizando todo lo que tenía a mi alrededor. Derrick me sacó de mi idea de que íbamos a ver un juego de basquetbol y me dijo que estábamos en un concierto de un grupo que se llamaba Fénix. Había chicos de la edad de mi hijo el menor e incluso más pequeños que él, todos tomando algún tipo de copa embriagante y brincando por todos lados.

Así, llegó la hora del concierto, Derrick me pidió que me pusiera de pie, lo cual hice sin reparo alguno (estaba harta de estar sentada en el piso, arruinando mi outfit completo). Salieron los miembros del grupo musical con unas guitarras, ¿qué tan malo podía ser?

MUY. Muy malo podía ser y lo fue. No sé cuánto tiempo duró, pero a mi me parecía interminable. Me empujaban, se me caían los lentes, los cuales en una de esas caídas pisaron sin ni siquiera pedirme una disculpa, alguien vio mi mascada y decidió que era una excelente idea quitármela del cuello y usarla como banderola para animar a la gente (así como le hacen con las servilletas en las bodas, ¿ya saben?). Obviamente nunca la volví a ver.

Después de como 1 hora de concierto, decidí recordar mis épocas de conciertos, cuando iba a ver a Mocedades, y ponerme al nivel de los demás escuincles. Así que me quité los zapatos para después aventarlos hacia el escenario, me abrí la blusa para dejar ver mi brassiere de encaje que había seleccionado para una velada romántica con Derrick, y con las llaves de mi casa hice un pequeño agujero en mis pantalones para de ahí lograr arrancarles la tela sobrante a partir de las rodillas y convertirlos en capris. Total, terminé semi-encuerada. No sabía qué cantar, así que simplemente gritaba y brincaba como todos los demás. Empujaba gente y les daba pisotones y les aventaba vasos de lo que yo creo era cerveza, que estaban en el piso, pero quién sabe…

Estaba muy feliz haciendo todo mi despapaye que me fui para atrás cuando levanté la cara y vi a mi hijo el más chico viéndome con cara de asustado. ¡Qué pena! No sabía en donde esconderme de la vergüenza…

En cuanto terminó el concierto de Fénix, Derrick y yo salimos corriendo “para que no nos tocara tráfico en el estacionamiento” aunque realmente yo estaba huyendo de mi hijo el más chico. En el camino Derrick y yo no dijimos nada, pero en cuanto llegamos a mi casa era tal su emoción que me cargó para bajar de la motocicleta y me dijo que nunca se la había pasado mejor en un concierto, que le encantaba cómo me había portado todo el tiempo.

Le di un besito y me metí a mi casa. Corrí a mi cuarto a cambiarme, desmaquillarme y ponerme la pijama para que en cuanto llegara mi hijo el más chico me viera metida en la cama leyendo Tú Puedes Sanar Tu Vida o algún otro libro de autoayuda, para que pensara que me había visto pero no estuviera seguro de eso. Antes de meterme a la cama, se me ocurrió quemar mi ropa usada en el baño, para que no la viera nunca mi hijo el más chico. Pero claro, no contaba con que eso activaría la alarma contra incendios que instaló mi ex-marido hace años en la casa.

Mi hijo el más chico llegó a la casa a una nube gigante de humo, una alarma que no se callaba por nada del mundo y  a un baño inundado por el agua que caía de los rociadores que se activaron con la alarma. Yo en medio de todo ese caos, con el rímel corrido, el pelo empapado y la ropa usada en la mano. Desde entonces mi hijo el más chico no me habla.

La semana pasada me habló Derrick para invitarme al concierto de Our Cave’s Fire (o algo así). Ni loca vuelvo a ir a algo así.

4 Comments Add yours

  1. Jorge's avatar Jorge says:

    Muy bueno!! saludos

  2. Diego Muro's avatar Diego Muro says:

    Está de increíble esta historia, muchos elementos muy bien logrados. Felicidades, escribe más.

  3. Gaby's avatar gaby says:

    Muchas gracias a los dos!

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