El Cuadro de la Alcachofa

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Hace 11 años y algunos días, tenía brackets en los dientes y el pelo más corto. Básicamente era una puberta de 14 años que pasaba todos sus días, tardes y algunas noches con su mejor amiga: Ale.

Ale y yo éramos prácticamente las únicas niñas normales del salón, había una que otra que iba y venía, pero realmente sólo éramos ella y yo juntas desde algunos años antes. Por eso era que siempre estaba con Ale. Así que no era extraño encontrarnos a las 2 en algún destino turístico donde sus papás (millonarios de toooooda la vida) tuvieran una mansión. En esa época, el destino más visitado era Valle de Bravo. Ese año, el puente de septiembre, que este año quisieron renombrarlo Bicentenario, decidimos pasarlo en tan codiciado lugar.

Como les decía antes, no éramos más que un par de pubertas, de 13 y 14 años y por supuesto que nos daban pena los bikinis. Así que en aquel día soleado en Valle decidimos ponernos nuestro traje de baño completo y darnos un chapuzón en la alberca. Pasamos un rato hasta que yo, por supuesto, vi no muy lejos a unos cuantos niños que parecían ser de nuestra edad echándose clavados de una plataforma. No dudamos ni un segundo en regresar a cambiarnos… traer un traje de baño completo a esa edad ¡es ridículo! Así que nos pusimos un bikini cada quien.

Cuando regresamos a la alberca, ellos seguían ahí, nosotras ya nos veíamos muy sexies y decidimos llamar su atención de alguna forma. Las dos nos sentíamos excelentes artistas, así que, sin importar que no tuvieramos grabadora (por supuesto que los ipods no existían en esas épocas), decidimos cantar y bailar la canción del momento…

No era un baile muy complicado, y básicamente lo único que nos sabíamos de la dichosa canción era precisamente esa frase que les acabo de decir.. así que lo que hacíamos era subir y bajar los brazos, con un movimiento estilo “sopa de caracol” (esa que escuchan en las bodas todo el tiempo) mientras dábamos vueltas sobre nuestro propio eje (tal como lo hace la Tierra). Por supuesto que, no menos descoordinada que cuanto tenía 5 años, me caí varias veces, provocando sonoras risas de nuestros espectadores.

Sin importar nuestro enorme ridículo, logramos lo que queríamos: llamar la atención de los niños. Así que, después de saludarnos y de enseñarnos sus mejores acrobacias desde la plataforma de clavados, nadaron hasta el muelle de la casa de Ale. Así que bajamos a recibirlos. Eran 4, pero dos no eran muy guapos, así que pensamos que a esos los dejaríamos atrás. Ya cada una había escogido al que quería. Así, nos preguntaron nuestros nombres y por supuesto que mentimos (a esa edad siempre se miente respecto del nombre… y respecto de cualquier cosa, en realidad) y después de eso nos invitaron a cenar.

El lugar por tradición en Valle es, como el nombre bien lo dice, los Churros de Valle, así que puntualmente llegamos a nuestra cita, llevadas por los papás de Ale. Ellos ya nos esperaban ahí: JPC, JPG y Pedro, al parecer Javier, mi guapo, no había podido ir. Todo el tiempo que estuvimos ahí fue poco menos que penoso ya que nadie hablaba, únicamente Pedro que parecía que lo único que tenía en la cabeza era el Heavy Metal pues era el único tema del que hablaba. Después de un rato, todos empezamos a convivir de manera un poco más amena. Y por supuesto que en el mejor momento (justo cuando nos estaban pidiendo nuestros teléfonos de México y cuando les habíamos dado nuestro verdadero nombre), tuve que arruinarlo todo. En un arranque de emoción al ver que JPC apuntaba mi teléfono, hice descuidadamente la cabeza hacia atrás, pegándome con la pared y con el cuadro de alcachofa que estaba justo atrás de mí el cual se tambaleó por un momento antes de caerme en la cabeza. Pensé que no me había pasado nada, pero la cara de los 3 galanes me hizo darme cuenta de que me sangraba la frente sin control.

#damnit. Siempre me pasaban esas cosas. Supuse que mi super oso de tirar el cuadro, seguido por la sangre chorreando de mi frente que terminó por ensuciar el suéter beige que JPC había elegido para ese momento, había sido suficiente para que no me volviera a hablar nunca más.

Todos reían sin control, empezando por Ale. Pero JPC se veía preocupado, por un momento pensé que se había preocupado por su suéter beige que se veía que era nuevo, pero me veía con cara de shock, así que pensé que realmente se había preocupado por mí. A partir de ese momento, me olvidé por completo de Javier, el que no había podido ir y me concentré en JPC. Estaba emocionadísima platicando con él, y riéndonos de todo lo que se nos ocurría, mientras yo trataba de detener mi hemorragia frental con un montón de servilletas.

Sólo había un pequeño detalle en esta situación… algo que se conoce popularmente como un bache en el camino, al que JPC llamaba “Mi Novia”. En cuanto me dijo de su existencia, inevitablemente Ironic comenzó a sonar en mi cabeza. (Nota: constantemente suenan canciones en mi cabeza sin causa aparente, pero siempre relacionadas al momento concreto por alguna razón).

Así que empecé a cantar un poco, murmurando como lo había hecho desde que tenía 5 años y sólo podía cantar La Puerta de Alcalá. Para evitar errores cometidos en el pasado, evité cantar la versión del concierto y me limité a la versión del cd… it’s meeting the man of your dreams, and then meeting his beautiful wife… (hasta Alanis se ríe en esta parte… que suerte la mía) and isn’t it ironic, don’t you think? Personalmente, si fuera yo la autora/interprete de la canción, me hubieran dado risa otras partes de la misma, pero como a mí nadie me preguntó mi opinión, tuve que aguantar que se rieran de mi desgracia de niña de 14 años.

Mientras yo estaba distraida de nuevo murmurando la canción, pasaron las horas y la velada llegó a su fin. Por alguna razón terminé con una hoja reciclada que tenía un teléfono escrito en letra muy chiquita. Y no me despegué de esa hoja en horas (puede ser que hayan sido días…). La canción también siguió en mi cabeza constantemente.

En esas épocas el mail no tenía el auge que tiene ahora, eran sus inicios, y aún estaba de moda el ICQ a falta de MSN Messenger. Así que en el segundo en que prendí mi computadora el domingo llegando a mi casa después de Valle de Bravo ya tenía 3 autorizaciones para el ICQ y un mail. Me sorprendió ver de quien se trataba. Contrario a lo que hubiera pensado o más bien, querido, no era JPC el que escribía, sino Javier.

Javier había sido mi primera opción de niño guapo el día que los conocimos en el lago, pero el no haber ido a cenar ese día había hecho que JPC le quitara el puesto. Pero tras escuchar la historia de la dichosa novia y después de horas y horas de repetir Ironic en mi cabeza, me había quedado completamente desanimada y pensaba que conseguiría el amor en otro lugar. Así que mi sorpresa fue inmensa el ver el mail de Javier en mi pantalla.

No era muy elocuente, unas pocas líneas, una invitación al cine el siguiente fin de semana y la promesa de una llamada en el transcurso de los días siguientes para confirmar el plan. Me animé un poco al ver la invitación, pero no estaba segura de querer salir sola con él. Cuando Javier me habló, mi mamá fue la que contestó. En algún momento había tenido teléfono en mi cuarto pero me lo habían quitado por un exceso de llamadas, así que si quería contestarle a Javier tendría que ser en la cocina. Así lo hice. Jalé una silla junto a la pared de donde colgaba el teléfono y me dispuse a platicar. Sorprendentemente la llamada no estuvo mal, platicamos de algunas cosas sin importancia y tras confirmar el lugar de nuestra siguiente cita y la hora, colgamos. Inmediatamente me llevé el teléfono a la oreja mientras marcaba el teléfono de Ale. Necesitaba que fuera conmigo el sábado.

Pasaron los días tranquilamente. Aún no sabía nada de JPC y eso entre que me estresaba y entre que me valía, aún no estaba segura de cómo me sentía al respecto. Decidí no darle mucha importancia. El niño guapo del sábado me había invitado al cine, y fue en lo que me concentré. Desde el viernes Ale se quedó en mi casa a dormir para que el sábado pudiéramos arreglarnos juntas antes de ir al cine. Yo no le había dicho nada a Javier de que Ale venía conmigo, pero supuse que no le importaría mucho.

Al llegar por fin al lugar indicado, Javier ya nos estaba esperando. Parecía aliviado al ver a Ale conmigo. No entendí por qué, hasta que vi a JPG bajarse corriendo del coche de su hermana. Entonces supe que Javier estaba tan nervioso como yo. Así que fuimos todos por un helado y después entramos al cine.

La película estaba malísima, así que para pasar el rato, como buenos pubertos, decidimos que la mejor manera de emplear nuestro tiempo y recuperar el dinero perdido de los boletos del cine era aventar palomitas a los demás asistentes. No me vayan a tomar lo siguiente a mal, no es que no me gustara aventar palomitas en el cine y hacer enojar a la gente, simplemente decidí aventarle palomitas a él, como parte de mi estrategia de coqueteo.

Él me siguió el juego en el momento en que recibió mi primer palomazo, y estuvimos así por unos 3 minutos, cuando todo se echó a perder. Me estaba riendo tanto de nuestro ataque de palomitas que en el momento menos esperado, una de las palomitas que aventó Javier entró directo a mi garganta sin tener la más mínima oportunidad de ser por lo menos masticada. Por supuesto, siempre aquello que parece totalmente improbable, me pasa a mí.

Ale y JPG (que, aquí entre nos, ya estaba agarraditos de la mano) ni siquiera se habían dado cuenta del suceso, Javier reía descontroladamente. Me daba mucho gusto que mi cara morada por falta de aire le pareciera tan cómica y lo hiciera tan feliz, pero a mí no me parecía nada chistoso. Claro que, en su defensa, cuando llegó el empleado del cine a evitar que me muriera de ahogamiento por palomita, dejó de reirse.

No me molestó tanto esta vez mi inoportunismo, según yo Javier no era de fiar, y nunca esperé otra reacción diferente a la que obtuve. Así que, nuevamente, una relación fallida en tan solo unas horas.

Sabía que eso iba a ocurrir pronto, no me sorprendió que todo hubiera terminado dentro de mi cabeza tan pronto. Y aunque definitivamente este suceso había hecho que perdiera aún más la fe en encontrar por fin al amor de mi vida (¡ya tenía 14 años! estaba cansada de esperar, ¿cuándo iba a llegar?), mi canción favorita seguía sonando en mi cabeza sin parar… en esa época la afortunada era de Emmanuel. Así que saliendo del cine, distraídamente iba cantando…

y repetí la canción todo el camino hasta mi casa, y aún ahí, hasta quedarme dormida…

Al día siguiente recibí un mail. Me negaba a leerlo pensando que era de Javier. Pero para mi sorpresa no, era de JPC.

Nunca me imaginé la historia que empezaría con esa llamada, olvidando convenientemente la historia del Cuadro de la Alcachofa…

4 Comments Add yours

  1. Javier's avatar Javier says:

    Que memoria… jaja saludos!

    Javier

    1. Gaby's avatar gaby says:

      jaja ya sé! 11 años y me sigo acordando jaja espero que estés muy bien y gracias por leer!

  2. malcopeando's avatar malcopeando says:

    Jaja pa que veas que soy un fiel lector, como no me puedo meter en la oficina a leer tus posts, lo estoy haciendo del celular eh! Espero que lo aprecies! Que bueno que ya estas actualizando mas seguido!

    1. Gaby's avatar gaby says:

      jajaja gracias, tipazo! Pero a poco en tu nuevo trabajo están bloqueados los blogs? RENUNCIA AHORA! jajaja sí, ya prometo actualizarlo más seguido! =)

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