El Corredor

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Como ya les dije (creo, porque cada día me pega más el Alzheimer) hace algún tiempo perdí a mi marido. Y cuando digo “perdí” es obvio que me refiero a que lo dejé un día en el super y ya nunca regresé por él, así que ahórrense sus condolencias y caritas de compungidos. Bueno pues, entre la pérdida del papanatas de mi marido y que mis chamacos ya están creciditos (los tuve cuando era una niña, si mi papá prácticamente me vendió a mi marido, no vayan a creer que tengo la edad suficiente para se mamá de estos chamacos que han terminado ya la pubertad), decidí que era el momento ideal para cambiarme de casa.

Ahora sí ya no será necesario tener el cuarto de las herramientas, donde por las noches sólo se oían leperadas de mi marido que siempre lograba clavarse el dedo de una forma u otra. Tampoco será necesario el jardín gigante para el perrote ese que tienen mis hijos, obvio mi pequeñita Fifi no necesita nada de eso, si ni siquiera le gusta el pasto. Mucho menos el sótano de fiestas en el que mis hijos pasaron tantos días sin que los viera. La alberca me parece un desperdicio, considerando que yo no sé nadar, mejor un chapoteaderito para que pueda retozar sin que me de miedo ahogarme.

Ahora buscaba algo que fuera no muy grande pero no muy chico, no muy ruidoso pero no muy silencioso, no muy lejos de la civilización pero no muy cerca, no muy ostentoso pero no muy sencillo… en fin, algo sólo no muy. Y como al parecer todos somos incapaces de buscar la vivienda que cumpla con nuestras necesidades, no me quedó de otra más que hablarle al Corredor.

Conocí al Corredor un día que andaba yo de visita por casa de mi amiga Rosy. Rosy estaba necia con que se quería cambiar de casa, pero no podía hacerlo sin antes vender su casa. Así que ese día en particular andábamos en su casa al día siguiente de haber visitado una de las famosas Noches de Solteros que a mi tanto me gustan, con una resaca interminable, desayunando waffles y con las peores fachas de la historia cuando sonó su teléfono. No quería que contestara, seguro era su ex marido otra vez fregando, como siempre. Pero no me hizo caso. Lo bueno fue que no era su ex, era El Corredor.

Así que en un santiamén, sin deberla ni temerla, el Corredor se apersonó en casa de Rosy con unos clientes. Sin importarle nuestro estado total de demacración, el Corredor se metió como Pedro por su casa y comenzó a decirle a los clientes lo que yo en lo personal creo que eran puras mentiras. Entraban de un cuarto, salían del otro, se metían a la cocina y hasta una probadita me pidió de mi waffle, el cínico.

Al parecer olvidé por completo su intromisión, las mentiras que les dijo a sus clientes y que me robó un pedazo de waffle, por lo que le hablé en cuanto quise adquirir una nueva vivienda. El Corredor me citó en el Vips más cercano. Se bajó de su flamante automóvil dorado y se acercó a mi. Irónicamente yo desayunaba de nuevo waffles, otra probadita me pidió.

Después de que se acabara mi desayuno y me conquistara un poquitititititititito nos pusimos en marcha. Me llevó a un lujoso conjunto residencial con muchos apartamentos. No sabía como reaccionar, estaba extasiada. Después de la pérdida, jamás pensé que la vida me volvería a sonreír de tal manera.

Estuvimos viendo apartamentos a diestra y siniestra, este hombrecito trataba de impresionarme en todo momento. Sin embargo fallaba a cada instante.

Una de las familias a las que imprudentemente visitamos a las 10am. de aquel domingo de pascua tenía una perrita casi nuevecita. La Señora de la Casa buscaba presumirme que había pagado una cantidad exhorbitante por su su peludo y feo animal, al cual El Corredor se le acercó como si fuera suya. No se preocupe, Sr. Corredor, no muerde. Dijo la Señora de la Casa. Así que ya entrados en confianza el Corredor no dudó en cargar a la pequeña bestia peluda. No que no me gusten los perritos, mi pequeña Fifi es mi adoración total, pero esa pequeña pulga con sobrepelo y pulgas jamás pudo haber costado lo que la Señora de la Casa me decía. Como ni me había gustado el apartamento, no dudé en decirle, ¡uy! pues te vieron la cara eh mamacita… Mientras yo digo esto, la Señora de la Casa abre su bocota para contestarme, pero no pude escuchar la tontería que iba a decir porque nos interrumpió un gritito un poco afeminado del Corredor. En cuanto las dos volteamos a verlo, pudimos ver su feísima camisa de cuadros amarillos con café totalmente mojada. Esa bestia inmunda se había hecho pipí.

Aunque uno esperaría que el resto del recorrido hubiera continuado sin mayor problema, por supuesto que no fue así. Al parecer no teníamos permiso para entrar al siguiente apartamento. Basta decir que tuve que correr como nunca antes en mi vida para escapar del policía que nos perseguía con su macana por allanamiento de morada (así es como dicen en Judge Judy, ¿no?).

Pero la gota que derramó el vaso fue el último apartamento que llegamos a visitar. De nuevo había un pequeño perrito más minúsculo que mi Fifi, el cual a penas cabía en la palma de mi mano. Al parecer, el Corredor no escarmentó en casa del perro del millón de dólares y decidió acercársele. El Corredor juraba ser super perrero, pero claro, yo también puedo jurarle que soy heredera ilegítima al trono de España… se me acaba el tiempo porque ya llevo casi una hora en el Office Max y ya me andan correteando, pero es suficiente con decirles que el pequeño perrito de nombre Matías le ha propinado tal mordida que tuvimos que terminar abruptamente nuestro recorrido para ir a la sala de urgencias más cercana.

Ni crean que ahí acabo la historia… bueno, sí acabó la historia de los apartamentos… pero tras llevarlo a mi casa para curarle la herida y encamarlo (sí, encamarlo… ¿creen que una mujer de mi edad no sabe disfrutar?) entre el Corredor y yo ha nacido lo que considero una relación intensa y hermosa. Ni loca me voy de esta casa, ¿que tal que termino vuelta a casar? Sin el sótano de fiestas ¿dónde más voy a encerrar al Corredor cuando me canse de él?

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  1. Ricardo's avatar Ricardo says:

    Harto ñoñas platicas de blog me inicitaron a escribir de nuevo.

    Gracias!

    Gusto pasar por aqui y echar un ojo.

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