Mashup: Week from Hell & We Were Only Kids

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Ayer fue el cumpleaños de mi mejor amigo (a.k.a. Dani) . Cualquier otro año su celebración hubiera consistido en llegar a su casa temprano (10am aprox.), con un six de Pacífico, un bote de Häagen Dazs de Mango, un bote de clamato, una bolsa de Sabritones y todas las temporadas de Seinfeld. Él ponía los fish sticks y el vodka. Those were the days, when we were only kids. Ayer le hablé a las 9 de la noche. No porque se me hubiera olvidado, sino porque desde el inicio de la Week from Hell (que más bien se convirtió en 2 weeks…) y hasta hace 5 minutos no había tenido tiempo no de pensar por culpa de mi trabajo. A veces extraño esos días. Cuando éramos mantenidos y podíamos ir a comer cualquier lugar y comprar cualquier cantidad de estupideces que se nos ocurriera. Los días cuando no había nada que hacer más que ir al gimnasio y ver todas las temporadas de America’s Next Top Model. En cambio ayer ni siquiera tuve tiempo de ver a mi mejor amigo en su cumpleaños, a penas tuvimos tiempo para una llamada de 3 minutos en el camino de la oficina a mi casa.

Damn I miss the days when we were only kids… esos días cuando no tenías plan y decidías crashear una boda. Dani y yo lo hicimos alguna vez. No fue tanto crashear, crashear porque realmente tomamos el lugar de sus papás que no pudieron ir, pero de todas formas nadie nos conocía y no conocíamos a nadie. Bailamos toda la noche, nos fuimos hasta que nos corrieron y juraba que nunca me la pasaría mejor en una boda que no fuera la mía. Ahí empezó mi teoría de que entre menos importante sea la boda para ti, mejor te la pasas. Comprobé esa teoría en el día 6 de mi Week from Hell.

Hace algunos meses recibí la invitación para una boda. Me emocionó que fuera la primera invitación que va dirigida a mi personalmente. Claro que sabía que la persona que me invitaba, que trabaja conmigo, lo hacía por todo el compromiso del mundo, pero a mi no me importaba. Durante los últimos meses estuve muy emocionada, sólo porque las bodas siempre me emocionan.

Pero claro, en mi Week from Hell yo todo lo veía negro, y para cuando llegó el día de la boda, yo ya tenía la peor actitud del mundo. No sólo tienes que gastar en el regalo, en el vestido, en los zapatos, en la bolsa, en el peinado, a parte decide casarse en cuernavaca y tienes que gastar en las casetas y gasolina y en el lugar donde te vayas a quedar… por si fuera poco, la persona que se casa no te cae ni tantito bien… damn. Esta vez no, esta vez me niego.

Así, cuando me desperté ese sábado, decidí no ponerle ganas a mi arreglo. Fui semi-peinada, semi-maquilla, semi-vestida jaja y con la peor actitud del mundo. Llegamos a la boda dichosa. Por supuesto que me quejé de todo lo que pude: hace mucho calor, tengo sed, no hay sillas suficientes para la misa, el pasillo tiene demasiadas piedritas, me dan miedo los peces gigantes que hay en los lagos artificiales, la comida está malísima, está mi jefe y me da pena tomar en frente de él, la música a la hora de la comida es de lo peor, me estoy muriendo de hambre, el baño está muy lejos, ya me empezó a dar frío, no hay jugo de arándano, ¿con qué voy a tomar mi vodka?, ya llegó el socio pervertido a la mesa, el socio pervertido no deja de ver mi escote, ya se va el socio pervertido pero se llevó la banderita que me robé de la pista, el mesero me trajo un jugo de naranja ¿dónde quedó el vodka?, qué bueno está el pacharán, tráiganme un poco más de vino, me quiero tomar una foto con mi jefe y todos los accesorios que he conseguido en la tarde, mejor que se tome una con el socio pervertido, mejor que nos tomen una a todos, no, mejor que me hagan un close up, no no, mejor que nos tomen una sacando la lengua, jóven tráigase unas balas de plata para todos, no me robes mi pelota de futbol, deja de reclamarme que ni te conozco, dile Kike al socio es su apodo favorito, dame un tragüito de tu whiskey, ¡fuegos artificales!, un poquito más de vino blanco, ¿te importa si me tomo tu copa?, jóven, mi vaso ya está vacío, que alguien me consiga unas chanclitas ya no aguanto los pies, ‘tons qué chief ¿nos echamos un bailecito?, mejor cuéntamos un chiste…!, foto foto foto, no no quiero chilaquiles pero ¿me puedo comer tus frijoles?, ¿dónde dejé mis zapatos? estoy segura de que estaban en esta mesa… no, espera, en esa mesa.. no no, en la cuadrada, pues en una de las cuadradas, en alguna tienen que estar, ¿no? bueno ya, déjalos, ni me gustaban tanto… tengo sueño, ¿y si me quedo dormida en la mesa?… ahí me despiertan cuando llegue el taxi… ¿alguien ha visto mis zapatos? ¿y mis lentes? yo no me voy sin mis wayfarers… zzzzzZZZZzzZZzzZZzzzzzzz vamos a Taiz! ¿qué? ¿y mi pijama? ¿alguien me ayuda a encontrar mi pijama? creo que… zzzzzZZZZzzZZzzZZzzzzzzzzzzzzZZZZzzZZzzZZzzzzzzzzzzzzZZZZzzZZzzZ..

Y claro, al día siguiente… mi Week from Hell terminó con la peor cruda de la historia… y sin el más mínimo recuerdo de lo sucedido… lo bueno es que tomamos fotos y créanme, mi teoría de entre menos te importe mejor te la pasas, sigue siendo completamente cierta…


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  1. Yetto's avatar Yetto says:

    Bueno, por lo menos no fui el único que pasó su fin de semana en un, digamos, sábado de gloria y domingo de arrepentimiento.

    Qué curioso, a mi no me da pena tomar frente a mis jefes pero supongo que ahi entra la curiosa dicotomía del género. Ellos también toman, y están acostumbrados a que los hombres tomen pero no se pongan mal, o cómo dijeron las infortunadas edecanes del Electronic Game Show 2008, “impertinentes”.

    No he ido a boda de alguien de la empresa, pero en la comida de navidad si se avento el director dos frases legendarias: “Menos palabras, y más alcohol” (en su propio speech, nótese), y “Cuando estoy borracho, soy más buena onda” (léase – cuando estoy borracho, saco todavía más el cobre).

    En fin, un abrazo.

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