Como les había contado en el último y más reciente post, en el inicio de mi Week from Hell, a demás de haberme dado un aumento miserable, mi jefe tuvo el agrado de mandarme a un seminario de derecho agrario. Los días 2 y 3 de la dichosa semana del mal, relatan un poco de mis 16 horas de martirio.
El día 2, todo empezó mal, por el simple hecho de que me tuve que despertar casi 2 horas antes de lo normal para llegar a tiempo al dichoso seminario. Eran las 6.30 de la mañana, ni siquiera había salido el sol. Un frío de los mil demonios invadía cada pequeña parte de mi cuerpo que poco a poco iba sacando de la cama. Un brinco a la regadera, unas cuantas abdominales, una leve arregladita y bajé a la cocina. Obvio era tan temprano que ni mi muchacha había despertado, lo cual sólo significaba que ese día me iría sin desayunar.
Salí de mi casa una hora antes de lo que tenía que estar. Claro que se me olvidó que era martes, día de tianguis en el Chamizal, que es taaaaaaan necesario que nadie quiere o puede quitarlo, a pesar de que cierran una calle completa y el tráfico aumenta de los clásico 25 minutos a cerca de 1 hora. En fin, por fin llegué después de más de una hora de tráfico intenso. Al parecer nadie vive tan lejos como yo, por lo que para la hora en la que llegué, ya había empezado.
A pesar de mi mal humor por haberme despertado temprano, no haber desayunado y haber hecho horas de tráfico, ya había descargado un poco de ira mientras mentalmente les gritaba groserías a los del tianguis dichoso, por lo que llegué con una excelente actitud a la primera plática del seminario.
El primer expositor era un viejito que al parecer no sabía bien lo que era un micrófono, hablaba y hablaba sin que se le entendiera mucho de lo que decía. Además, claro, en la fila de atrás de mi habían dos personas que parecía que no podían cerrar la boca, así que mejor le puse más atención a lo que decían ellos, el chisme de cómo había uno encontrado a su mujer pintándole el cuerno en su casa, era mucho mucho más interesante.
Eso me mantuvo despierta los primeros 45 minutos del seminario. En cuanto se acabó la primera exposición, las personas con el chisme se fueron, al parecer junto con mi capacidad de mantener los ojos abiertos. Me sentía viejita cabeceando a la hora de la comida, pero por más que intentaba mantenerme despierta, no lo lograba. Lo peor de todo es que este segundo expositor se tardó mucho más de sus correspondientes 45 minutos. La última vez que pude abrir los ojos lo suficiente para ver el reloj, ya llevábamos 1.30hrs. Por supuesto que su chistesito atrasó todo el programa y obviamente lo que originalmente eran 16 horas, se convirtieron en 18.
Las siguientes horas pasaron un poco en blanco, saqué mi celular y aprendí que soy bastante mala en ka-glom, pero traté de no darme por vencida. Así que jugué hasta que llegó la hora de la comida. Supuestamente, la cantidad exorbitante que tuvo que cubrir mi despacho para que asistiera al excelente seminario incluía una comida de tres tiempos. No estaba lista para sentarme en una mesa con otras 9 personas desconocidas que estaban ahí por mero gusto, así que cambié esos 3 tiempos por otros 3 distintos: papas, refresco y mctrio marino disponible a sólo unas cuadras de distancia.
Como el señorcito segundo expositor se había tardado demasiado, la hora de la comida se vio disminuída de 2 horas a tan sólo 1, tiempo suficiente para caminar al McDonald’s más cercano, comprar mi McTrío y caminar de regreso mientras me acababa mis papas medianas. Al regresar fui un poco más inteligente de lo que había sido en la mañana y fui a mi coche por mi laptop.
Quedaban sólo dos horas de tortura, que se me pasaron como 4 capítulos de Sex and the City… no, wait, se me pasaron MIENTRAS veía 4 capítulos de Sex and the City. Logré sentarme en la fila de hasta atrás, y ya que no traía mis lentes y no alcanzaba a ver a los expositores, estaba segura de que ellos tampoco veían mis audífonos y la sonrisa que tenía de escuchar las enseñanzas que Carrie tenía para mí.
Feliz de que saldría más temprano de lo habitual, me dirigí a casa de mi abuela, que queda 58 millones de veces más cerca del lugar donde se daba el seminario que mi casa. Ya había previsto que me quedaría ahí, por lo que había hecho mi maleta y todo estaba listo. Además de eso, vería a mi novio ese día. Por supuesto que, siguiendo mi Week from Hell, mi novio salió tarde de trabajar, le tocó muchísimo tráfico, llegó tardísimo por mi y lo pude ver 5 minutos. Además, claro que en mi empacada veloz a las 6.30am, se me olvidó mi camisa para el día siguiente.
No me pregunten cómo ni por qué, mi novio traía una camisa suya en la cajuela del coche. Tampoco me pregunten por qué, pero me quedó como si fuera mía.
El día 3 no estuvo tan grave, aunque igual mis párpados me traicionaron en repetidas ocasiones ya que se le acabó la pila a mi compu alrededor del tercer expositor. Me salí temprano, a las 2 en punto ya estaba fuera. Fui a comer y de ahí a una entrevista de trabajo (similar a la situación de mi post anterior La Entrevista), además de que se alargó por horas. Por supuesto que iba tarde a la oficina, pero por suerte (por primera vez en toda la semana), mi jefe no estaba. Así que no se enteró de que fui a una entrevista a otro lugar a ver si me pagaban más de lo que me paga él.
Los días 4 y 5 no tuvieron cosas muy importantes que contar… pero esperen el día 6, cuando te invitan a una boda de alguien de tu oficina que no necesariamente te cae bien, ni la persona en cuestión ni el 90% de los invitados…
Ya continúa con los demás días!!!!