El otro día me encontré una carpeta que hice para mi clase de Orientación Profesional en prepa. Entre varias otras estupideces, me encontré un ensayo en el que hablaba de las dos decisiones más importantes en la vida, según mi 18 year-old self: qué carrera estudiar y con quién te casas. Solía pensar que there’s no room for error en cuanto a esas dos cosas se refiere.
Varios años después coincido solo con una de las dos. A mis CASI 27 años no creo que la carrera que estudias necesariamente defina el resto de tus días. Estoy convencida al 100% que me equivoqué de carrera, aunque si tuviera la oportunidad de viajar en el tiempo, bien Marty McFly, y regresar al día en el que hice mi examen de admisión para la Ibero, no sé qué carrera escribiría en el papelito del examen. Pero bueno, no creo ser la primera ni la última persona que siente frustración extrema por haber “desperdiciado” 4 años y medio de su vida en algo que resulta que no es lo que quiere hacer toda su vida (o mientras se casa, cada quien…). Y tampoco creo que sea un caso perdido. Tantas y tantas historias de éxito totalmente ajeno a la carrera elegida me respaldan, como el caso del Lic. en Negocios Internacionales y Fotógrafo Pablo Cruz.
Pero en el tema del amor, el matrimonio y los hijos, sigo pensando exáctamente lo mismo. Me sorprende que haya tanta gente que cínicamente piensa que casarse no es una decisión trascendental en la vida. Estudié Derecho (sigh) y sé perfectamente lo fácil que es simplemente divorciarse (cada vez más fácil; en mi época todavía se necesitaba alguna causal), pero eso no quiere decir que te debas casar for the time being. No me voy a poner cursi con el tema de los vows y las promesas que se leen frente al padre, rabino, pastor, juez o chamán de su elección, pero sí creo que es una decisión idealmente para toda la vida. No, no es que crea que debas quedarte casada aunque te peguen o te engañen o tengas que sufrir cada noche por el gusto de pedorrearse de tu marido… más bien creo que la idea es elegir tan bien a esa persona que no sea alguien que te pegue o te engañe o se pedorree todas las noches (unless you’re into that, in which case… sigh…).
Todo este pensamiento NO CURSI (cursi The Notebook, ¿mi blog qué?) me llevó a recordar a un conocido a cuya boda asistí como +1 de algún novio cuyo número no recuerdo, hace ya algunos años. Fui invitada a la boda sin saber la historia de los novios, ni sabía cómo se llamaban ni de donde eran ni mucho menos me importaba, yo iba solo para ponerme el disfraz de Timbiriche y cantar como Sasha el popurrí de Vaselina (¡ah, verdad!). Pero ya en el evento vi que la novia estaba fuera de control de la emoción y el novio… not so much. El novio se veía estresado, demacrado y en general, triste (después de analizar las fotos, la mayoría de las cuales me incluyen con el rimel corrido porque malcopee un poco, me di cuenta de que en las 4 que salía el novio se podía notar su cara de fuck), y la novia ni enterada.
Antes de malcopear, le pregunté a aquel novio al que llamaremos Cástulo, Cástulo, mi vida y mi amor, ¿qué carajos le pasa al patán de tu amigo que se ve que la pasa fatal en su boda? Entonces Cástulo me contó la historia. Resulta que el novio, entonces jefe de Cástulo (laboral eh, no crean que era su papá) tenía ya una cierta edad y llevaba ya un cierto tiempo con la novia quien constantemente le recordaba que ella era 10 años mayor que él y que su vajayjay se le iba a empezar a secar in no time y si no se apuraba a casarse iba a terminar como Madonna adoptando niños africanos.
Obviamente el novio no cedía a las presiones de MiniMadonna. Se hacía el que le urgía ir al baño cuando pasaban por la sección de bebés del Palacio de Hierro y de plano evitaba el tercer piso (Registro de Bodas… eso te deja el casarte…). En cuanto MiniMadonna le insinuaba algo, él le contestaba con algo nadaquever (e.g.: ay, mi gordi bomboni fíjate que a mi amiga Laurita le acaba de dar el anillo su novio Manolito y NO SABES LO HERMOSO QUE ESTÁ, osea simplemente divino porque fijate que… calla, MiniMadonna, no digas más porque tengo algo MUY importante que preguntarte *MiniMadonna abre los ojos como venado lampareado, repasando en su cabeza lo primero que va a hacer y si va a llorar o no de la emoción, es cuando se acuerda de que no compró el rimel waterproof porque estaba más caro, entonces si decidiera llorar se vería ridícula con la cara toda manchada de azul (no juzguen a MiniMadonna y sus gustos ‘rockeros’)* ¿vas a querer ir al cine o no? *MiniMadonna grita ¡SÍ! sin dejar que el novio termine la oración y queda como la loca que llora de emoción porque su novio la va a llevar al cine).
Así pasaron años. MiniMadonna se estaba haciendo cada vez más vieja y sus amigas empezaban a casarse. Cada boda era un drama más grande. Todo empezaba muy bien, MiniMadonna hacía su papel de madrina sin contratiempos, pero en cuanto llegaba el primer shot todo se iba a la mierda. Lágrimas y más lágrimas, incluso golpes en las últimas ocasiones. Hasta que un día el novio ya no pudo más: creo que es hora de que empecemos a ver a otras personas, MiniMadonna, cada vez pareces menos Mini y más Madonna y pues… me no likey. MiniMadonna no supo que contestar a eso. Podía quejarse, recordarle los años que llevaban juntos y todo lo que hacía por él en la cama, los ‘galanes’ que había dejado ir por serle fiel y la cantidad infinita de veces que se había peleado con su mamá porque llegaba a su casa oliendo a motel… ¿y todo para qué? Para que al final la dejara en la calle (la puerta de su casa, no hagan caso al drama) así sin más, sin anillo y sin casarse con ella. Sus mejores años desperdiciados. Pero no lo hizo. Se bajó lenta y dignamente del coche y caminó hasta la puerta de su casa sin voltear.
El novio estaba emocionado, por fin se había librado de la próxima momia de Guanajuato. En ese instante le habló a todos sus amigos solteros para que fueran a buscar mujeres de la vida galante que se vieran menos mal que MiniMadonna. Sus amigos lo mandaron al cuerno, básicamente porque era la 1am en martes de quincena y todos los lugares adecuados estarían llenos de oficinistas. Al novio no le quedó de otra más que irse, tristemente, a dormir. Pero el primer fin de semana de regreso a la soltería, el novio se desquitó. Le pidió a las novias y esposas de sus amigos que llevaran a sus amigas para que se las presentaran. Le llevaron a 10 el mismo día. El novio estaba feliz, no se daba abasto. Estuvo así como 2 meses, hasta que llegó un momento en que se dio cuenta de que ninguna mujer era como su pequeña momia MiniMadonna. Ninguna se dejaba hacer lo que ella ni le hacía las cosas que a él le gustaban (ya ni siquiera había podido usar sus esposas). No tenía a nadie con quién ir al cine ni con quién llegar a una fiesta donde había puras parejitas.
Fue entonces cuando recuperó la razón. Compró un anillo, se trajo un caballo desde su rancho en Tlaxcala, contrató una carroza estilo Cenicienta y llegó vestido de Prince Charming (traje blanco con zapato de charol a juego y toda la cosa) a casa de MiniMadonna. Por supuesto que la tal estaba más que emocionada por el super detalle del novio y para nada se le hizo extraño que después de dos meses de no hablar y no saber nada el uno del otro, llegara tan campante por ella en carroza. Cuando el novio tocó la puerta de casa de MiniMadonna y abrió su mamá, la señora no paraba de llorar de emoción y solo se oían sus gritos ¡Ora sí, mijita! ¡Llegó la hora!
El novio no sabía muy bien qué estaba pasando con MiniMadonna y su mamá, hasta que vio bajar a su dama vestida de la mismísima Cenicienta, peluca güera enchongada y toda la cosa. Se asustó un poco, pero lo dejó pasar. Se asustó un poco más cuando se dio cuenta de que el vestido de Cenicienta estaba hecho realmente de tela de leopardo pintada de azul. Un pequeño defecto con el cual vivir, pensó. Y sin dudarlo más, sacó la cajita con el anillo a la mitad de Periférico Sur y le pidió matrimonio a MiniMadonna. La otra brincaba de alegría, se bajó a correr entre los coches gritando algo que el novio no alcanzó a escuchar bien, pero sonaba como ¡ahora sí, perras!
Pasaron meses que se fueron volando con la planeación de la boda. Meses en los que el novio se dio cuenta de más detallitos de MiniMadonna, como que quería que todas las flores de la boda estuvieran pintadas de verde y llevaran brillantina, además de que para el banquete eligió romeritos y blanco del nilo en escabeche. Quería que su vestido fuera de animal print porque era la moda y no solo eso, además pretendía que el novio y los padrinos llevaran corbatas también con animal print.
Para el día de la boda el novio ya estaba asqueado de la persona con la que se iba a casar, pero nunca dijo nada. Después de que Cástulo me contó la historia, en plena boda, me empecé a dar cuenta de varios detalles: el vestido de MiniMadonna era, en efecto, de animal print verde con el escudo del Santos bordado en las pompas, además de que era mini; la música eran puras canciones de Jordy (el cassette, de hecho, y solo le daban la vuelta una y otra vez); sobre las mesas había bolsas de plástico con agua colgando ‘para que no se acercaran las moscas’ (cabe mencionar que fue en un salón); el ‘Maestro de Ceremonias’ (sí, hubo maestro de ceremonias) fue Marco Antonio Regil; en lugar de disfraces de Timbiriche, fueron de la Arrolladora Banda Limón.
Por unos 3 meses después de la boda nos olvidamos por completo de el novio y MiniMadonna, hasta la comida de navidad de la empresa donde trabajaban Cástulo y el novio. La comida era con parejas y el novio, pasado de shots, terminó haciendo un escándalo porque MiniMadonna iba vestida como Madonna (la verdadera) en su video de Vogue, con una blusa de encaje transparente y nada abajo. No le dijo nada a ella, pero a todos los empleados y sus acompañantes les dejó muy claro que su esposa es una corriente y que no sabe cómo está casado con ella.
A los 6 meses de casados ya se habían divorciado. Todo porque un día al novio se le salió decirle a MiniMadonna en la cara que era una corriente y naca. Ella ya estaba embarazada y ahora pelean la custodia de su menor hija: MicroMadonna.
Y entonces lo único que yo me pregunto es ¿por qué carajos te casaste en primer lugar?
No hay prisa, tómense su tiempo y no se casen solo “porque ya es hora”. A la fregada con la presión de la pareja. Son decisiones para toda la vida (más cuando eres tan idiota de embarazarte/embarazarla porque así no te vas a poder deshacer nunca de él/ella).