Mi iPod es inescuchable. Cada que puedo me quejo de que tengo canciones malísimas que nunca escucho y entonces pienso que es hora de empezar a depurar mi ecléctica lista de canciones. Pero la verdad es que nunca lo hago. No me había puesto antes a pensar en la razón, hasta que hoy, sin estarla buscando, la encontré.
Ponerle shuffle a mi iPod es toda una sorpresa. No hay un estilo definido, no hay un tipo de música que resalte sobre otra, lo mismo puedes estar escuchando lo nuevo de Arcade Fire y que la siguiente canción provenga de una película de Adam Sandler. La verdad es que generalmente sólo le pongo “next” y no hay ningún problema, pero hoy fue diferente.
Hoy me puse a escuchar cada canción en mi lista (no completa porque, de acuerdo con iTunes, me hubiera tardado 8 días…), unas me hicieron reír, otras me hicieron llorar y unas ni siquiera sé de dónde salieron.
Empezando con Grow Old With You y terminando con una canción que ni siquiera tiene el nombre correcto, a la que autonombré ‘italiano’ sólo por el idioma en el que es cantada, empecé a notar un cierto patrón en la mayoría de las canciones: me traían algún recuerdo.
La primera vez que escuché Grow Old With You fue en casa de Ale. Aún estábamos en secundaria y su primer novio formal, Juan Pablo, le había quemado un cd. La primera canción era esa, y se escuchaba a Adam Sandler, con la voz más fea que alguien puede tener, cantando la canción con la mejor letra ever.
Ya tenía algunos años que Alejandro Sanz se había hecho famoso, Amiga Mía ya era un clásico para el momento en el que Dani (niño, no niña) ponía esa canción de fondo cada que hablábamos por teléfono en prepa. Eran horas y horas y recuerdo que la canción solo se repetía una y otra vez mientras le lloraba contándole de haberme peleado con mi novio.
En mi cumpleaños 16 recibí de regalo un cd. Me lo regaló mi novio del momento (si no lo saben ya, sépanlo de una buena vez, todos los momentos de mi vida están definidos no por el año en el que ocurrieron, sino por la persona con la que estaba en el momento en que ocurrieron). Cuando le quité el papel supongo que mi cara debe haber sido tal cual me la he imaginado durante todos estos años (la misma que me imagino que puse cuando me dijeron que no existía Santa) porque Kike automáticamente se puso todo rojo, supongo que pensó que no me había gustado mi regalo. Y tenía toda la razón, a quién carajos se le ocurría regalarme un cd de Aleks Syntek. Pero bueno, siendo yo una excelente definición de haber nacido a finales de junio y regirme por el signo de cáncer, me adapto y le doy una oportunidad a todo. Así que en cuanto llegué a mi casa puse el cd. Obviamente estaba malísimo, todo menos una canción, la misma canción que Kike había seleccionado para transcribir en una tarjeta de cumpleaños de esas horrendas como color salmón con poemas en letra cursiva color turquesa. Todo el tiempo que duramos desde que recibí el cd hasta que cortamos me desperté con la misma canción, me dormí con la misma canción y la cantaba una y otra vez en mi Disc-man (de la época) mental.
Supongo que para estos momentos, mis queridos y ávidos lectores, ya tienen muy claro que mi canción favorita de 1988 a 1993 fue La Puerta de Alcalá. Es la canción que mejores recuerdos me trae porque me recuerda a mi abuela cantándola conmigo mientras le ayudaba a cocinar. Bueno, eso de ayudar creo que es una palabra poco descriptiva, digamos que ella cocinaba y yo comía espagueti crudo y lavaba mi vasito de plástico (dada mi falta de coordinación, no se me permitía lavar platos que no fueran de plástico. Tenían razón.)
Por ahí del 2004, acababa de empezar la carrera. Como la mayoría de mis clases eran en las tardes, como suele ser cuando estudias Derecho, pasaba las mañanas pegada a MTV viendo The Ashlee Simpson Show (no, no estoy orgullosa de eso). La única canción que le conozco me recuerda a momentos cuando la vida era más simple, cuando mi única responsabilidad era llegar a tiempo a clase y hacer la tarea. Those were the days…
En el 2008 me detectaron hipotiroidismo, la manera en que lograron detectarlo digamos que no fue la más convencional y me sacaron varios sustos alegando que tenía problemas en el corazón. Andrés en ese momento estaba volando a Australia para quedarse el semestre completo y cierto, teníamos mucho tiempo de haber dejado de hablar todos los días y de contarnos todo lo que nos pasaba, pero Andrés tenía y tiene una forma especial de encontrarle el lado bueno a las cosas. Siempre que cortaba con algún novio le hablaba, sólo quería que alguien me escuchara y él lo hacía y no decía nada, sólo decía: sonríe. Como no podía hablarle, recurrí a mandarle un mail, que me contestó casi de manera inmediata (weird, huh?). No decía mucho, terminaba con “sonríe” y “baja esta canción…” Nunca he estado más agradecida con alguien.
Después de 7 meses de andar con Juan Pablo, entre 1999 y 2000, cortamos una semana antes de mi fiesta de 15. Después de que prácticamente lo obligué a ir a mi fiesta y no le hice mucho caso, después de mandarnos algunos mails de amor y otros de odio, nos dejamos de hablar. Entonces un día me lo encontré en ICQ, casi un año después de haber cortado. Él era muy de dedicarme canciones. Ese día en particular, escogió la canción más chistosa que me han dedicado en la vida, la cual hasta la fecha sigo cantando y bailando con emoción cada que mi iPod me la presta y que me sé COM-PLE-TI-TA (es uno de mis tantos talentos).
Tiene años que no oigo el radio, lo odio. Pero hubo una época en la que me encantaba. En cuanto llegaba a mi casa de la escuela prendía el stereo (jaja). Mi segundo programa favorito era el equivalente a “oldies but goodies” pero de digital 99.3 (tengo muy buena memoria, pero por alguna razón no puedo acordarme del nombre del dichoso programa, esto me va a perseguir por el resto de mis días). Ale y yo le jurábamos al mundo entero que pasaban “las mejores canciones del mundo”. No sé qué tan cierto es eso, pero casi todos los días pasaban una canción en particular, la cual Ale y yo cantábamos con más sentimiento que nada en el mundo. Hasta la fecha la escucho y me acuerdo de ella.
El 14 de febrero de 2006 me hablaron de la recepción de mi edificio. Había un joven que me traía un regalo, que si estaba bien que lo dejaran subir. En esas épocas yo salía con quien 1 semana después sería mi novio, así que esperaba que él estuviera en la puerta cuando fui a abrirla. Para mi sorpresa no era él, era Santiago… tan guapo como cuando conocí hace casi 10 años. Llevaba un globo de helio de esos que me encantan, amarrado a una bolsita de regalo. Adentro de la bolsita, entre otras cosas, había un cd quemado con una pequeñita lista de canciones, abajo de cada una venía la explicación de por qué había puesto esa canción en particular. Una de esas canciones se ha convertido en una de mis all-time favorites, y lo seguirá siendo hasta el final de mis días (cuando el nombre del programa de digital 99.3 me siga acechando).
Antes de Juan Pablo tuve otro novio. No lo cuento como el primero porque apenas tenía 13 años y el 14. Tenía la excelente costumbre de hablar a mi casa todas las noches y ponerme una canción, sin decir nada, y colgar en cuanto terminaba la canción. Su costumbre empezó con una canción de Bryan Adams. Al día siguiente de que la escuché le rogué a mi mamá que me comprara el cd, 18 ’till I die. Digan lo que quieran, todavía me parece un disco excelente.
En mi vida secundariana, Café Tacvba fue constantemente nombrado, Juan Pablo me cantaba “Como te extraño mi amor” y después de que cortamos y nos reencontramos, me llegó en una fiesta de 15, con “Ingrata” de fondo (qué ad-hoc, ahora que lo pienso). Mi prima Coqui nunca se callaba con “Las Flores”. Pero mi favorita es y será siempre “La Locomotora”. Recuerdo pasar tardes enteras con mi cassette listo para cazarla en el radio y grabarla (así nos hacíamos de música en mis épocas).
Cuando iba en 3er o 4to semestre de prepa me hice amiga de Kike (no Kike mi ex novio, Kike de la Parra). Kike era una maravilla en el tema musical, traía una onda muy parecida a la mía, muy de Dave Matthews Band, Collective Soul, etcétera y demás. Así que un día que le ayudaba a limpiar su mochila (estoy segura de que era la misma mochila que usaba desde 6to de primaria, aunque no lo quiera aceptar) y nos encontramos un cd (rojo, I remember…) prácticamente le supliqué que me lo regalara. Estaba buenísimo, por primera vez algo iba 100% con mi estilo musical, en especial una canción que me encanta y me lo recuerda muchísimo y que gracias a Dios nunca he escuchado en ningún otro lado, más que en ese disco y en mi iTunes. “Just tell me the names of the stars in the sky, what’s your favorite song… and tell me the names of the lovers you had before I came along…”
Cuando iba en primero de secundaria, mi primo dos años más grande que yo no tenía coche, así que mi mamá, en secreto, le prestaba el suyo algunas veces para pasar por una que otra niña y llevarlas al cine. En una de esas idas y vueltas, mi primo dejó un cassette en mi coche. Había una canción que me encantaba que no tenía ni idea de quién la cantaba ni cómo se llamaba (me recordó esos momentos la foto que puso @alexjoloy en su tumblr el otro día, la pueden ver aquí). Años después, me acordé de la canción, googlee la letra y me apareció lo que verán a continuación. Si, mi primo era un cursi.
Creo que me estoy extendiendo mucho, y supongo que ya entendieron el punto. Ya prometo terminar esto, con dos últimas canciones…
Los últimos meses que anduve con Juan Pablo por segunda vez (circa 2001-2003), descubrió no-sé-dónde, una canción de Marc Anthony. Jesuschrist, yo muy cool oyendo Crash into Me y éste poniéndome canciones de Franco de Vita, ¿hasta dónde iba a llegar la mala música con este muchachito? Pues sí, hasta Marc Anthony. Pero tengo que confesar que en el segundo en el que le puse atención a la letra de la dichosa canción me volvió loca. En esas épocas teníamos mucho tiempo libre y poco dinero para poder ocupar todo ese tiempo, así que se llevaba la camioneta de su mamá, pasaba por mí y nos íbamos literal “a dar la vuelta”. Un día en particular, nuestra vuelta llegó de mi casa (en Av. de las Palmas) hasta el hotel Royal del Pedregal (y no, cochinos, no fuimos a nada en particular) sólo porque yo insistía que era un Sheraton, sólo pasamos por ahí, vimos que claramente decía ROYAL y entonces acepté pagarle la tutsi pop que habíamos apostado. No es que quede taaaan lejos de la que solía ser mi casa, pero si le agregas tráfico de viernes de quincena pues pueden ser horas y horas de camino. Y dicho y hecho. No sólo eso, Juan Pablo no era muy hábil con el tema de la tecnología y somehow logró quemar la misma canción 4 veces en el mismo cd (créalo o no…). Todo el camino me fue cantando…
Para serles muy sinceros, hasta hace 2 años nunca pensé que pudiera encontrar a alguien como Juan Pablo, que fuera tan lindo y sólo tan wow. Pero hace poquitito más de 2 años fui a una fiesta. El cumpleaños era de Caro, una de mis amigas de la carrera. Salí de su casa con la nariz irritada por haber tratado de shotear tequila (sí, el tequila salió por donde están pensando), con una autorización de Facebook y un date para el siguiente viernes. Yo, siempre tan mona, me puse un vestidito negro con sus adecuados zapatitos rosas, trés chic… y recuerdo mi cara de sorpresa cuando llegó aquel mugrosillo que parecía que no se había bañado en 3 días, con pantalón, una playera, saco y tennis, el pelo largo con el flequito de lado. Me sorprendí aún más cuando llegamos a nuestro destino: el salón 21 (que ahora se le conoce cómo ______________ ). Nunca se le ocurrió decirme que íbamos a una fiesta de los 90’s que festejaba el cumpleaños de un travesti que lleva por nombre Zemoa. Todos iban con pseudo disfraces noventeros, and there I was… después de horas de convencimiento y varios vodkas, por fin acepté bajar de mi cómodo lugar en el VIP a la pista de colores donde gente con MUCHO gel en el pelo bailaba break-dance, similares y conexos. Yo me movía en mi comfort zone, así como me enseñó Hitch hasta que pusieron una canción que reconocí, la única. Cuando empezó la canción me puse a cantar y a bailar feliz, no porque fuera una canción que me gustara ni porque me recordara la época en la que Victoria Beckham se hacía llamar Posh Spice y sabía lo que era comer, sino porque realmente estaba feliz. Así que aunque aquel mugrosillo escogió la peor canción de la década de los 90s para darme el primer beso, se convirtió en el principio de una historia que todavía no terminamos de escribir. Obvio, no es como era con Juan Pablo… es mucho mejor.
Así que sí, para ustedes puede ser simplemente música mala, para mí es toda una vida de recuerdos.
Muchas veces una canción es más que suficiente para decir todo lo que no sabes cómo decir…
PS. Esto NO exime a quienes tienen a Maná por puro placer. Ustedes pueden salirse de mi blog ahora y no volver. Gracias.
Precisamente ando de VJ en Youtube en estos momentos, es bueno tener un poquito de todo y si, los circulos de vida no se definen por los años, sino por las personas que viven ese circulo contigo en particular.
buenas madrugadas Cole.
JMS
Chido post, es buena la manera en la que recuerdas los tiempos, no por los años, sino por las personas 😛