A Little Respect

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Descubrí la clase de fat burner hace algunas semanas. El hecho de ser el único hombre entre 45 mujeres de edad avanzada en su mayoría, no me importaba mucho. Yo portaba feliz de la vida mis mallitas negras y pegaditas porque usar pants para el step hace que me roce.

El sábado era cumpleaños de Gardenia, así que me desperté temprano para ir a mi clase de fat burner y de ahí irme a su casa. Le tenía preparada una sorpresa.

Llegué al gym, listo para mi clase quema-grasa avanzada. Mis compañeras eran las mismas de siempre. Así que empezó la clase, a ritmo de Go West de Pet Shop Boys. Estaba en rodilla derecha arriba tres veces, cuando entró una mujer con el pelo claramente pintado de un tono similar al naranja de Ellen Burstyn en Requiem for a Dream…

Con un unitard en tonos rosa fosforescente, algo parecido a este…

No sólo llegó tarde, llegó gritando, moviendo los steps de todos y comiendo una enorme bolsa de chicharrones de carrito. Y yo que me tomo super en serio eso de quemar grasa, por supuesto que me enfurecí.

La señora dichosa, además de todo, tuvo el cinismo de barrerme y de no dejar de verme durante toda la clase. Eso por supuesto que hizo que mi ira interna creciera de manera descomunal a cada segundo, sin dejarme disfrutar las famosas de Pet Shop Boys e Erasure, incluyendo mi favorita: a little respect.

Cuando terminó la clase, iba con prisa para llegar a casa de Gardenia antes de que se despertara. Así que corrí a meterme a bañar, y cuando ya iba de salida, distraidamente tarareando A Little Respect, choqué con la loca del pelo rojo. Me volvió a barrer, a pesar de que ya me había quitado mis mallitas que evitan las rozaduras. Y ahora sí no me iba a quedar callado. Así que empecé, lo más calmado que pude, a decirle que por favor la siguiente vez que asistiera a la clase, lo hiciera con puntualidad porque nos desconcentraba a todos. Ella contestó con un “querrás decir, a TODAS”. Y entonces me prendí, si estaba insinuando que era homosexual únicamente porque uso mallitas, voy a clases de fat burner y tarareo A Little Respect, estaba muy equivocada.

Comencé yo también a alzar la voz. algunas personas comenzaron a juntarse a nuestro alrededor mientras nos gritábamos improperios. Para ya no hacerles el cuento largo, todo terminó conmigo agarrándola del pelo, que por cierto resultó ser peluca, cuando se aventó a pegarme. Así que acabó pelona y yo con su peluca en la mano.

Cuando las demás personas se acercaron a ella para ver si estaba bien y le pasaron una silla para que se sentara, le aventé la peluca y me eché a correr.

Iba muy enojado en el coche a casa de Gardenia. Cantando Ale, Alejandro, Ale, Alejandro (que estaba en el radio eh! No crean que la tengo en mi ipod ni nada), lo cual hizo que se me bajara el coraje un poco y me acordara de Gardenia, de que era su cumpleaños y de que la sorpresa que le tenía preparada le iba a encantar.

A medio camino me di cuenta de que la señora que solía ser pelirroja, ahora pelona, venía siguiéndome. ¿Cómo me alcanzó tan rápido? Quien sabe. Y lo peor, ¿cómo logró saber mi camino si yo salí antes que ella? Ve tú a saber.

Traté de no pensar mal de la mujer que claramente estaba más loca que una cabra montés y me distraje cantando más canciones de Mix 106, música de los 80’s, 90’s y actual.

Cuando llegué a casa de Gardenia y me estacioné, vi que la cabra ya no estaba cerca, seguro iba a otro lugar por un camino similar al mío. Así que me bajé del coche con la caja gigante (tamaño refrigerador) que llevaba para Gardenia. Toqué el timbre, esperando que me abriera la muchacha, Gardenia seguía dormida porque su celular estaba apagado, pero no quería que me abriera alguno de sus papás porque todavía no los conocía.

Me abrió la muchacha, quien me dijo que no había nadie más que la señorita Gardenia, que efectivamente, seguía dormida. Instruí a la muchacha para que la fuera a despertar en exactamente 7 minutos, y sin decir #comper si quiera, me metí como Pedro por su casa, hasta el cuarto de Gardenia. Con cuidado abrí la puerta de su baño y metí la caja. Me quedé esperando a que pasaran los 7 minutos. 3 minutos después de que entré al baño, escuché a la muchacha que entraba a despertar a Gardenia.

Gardenia medio dormida, abrió la puerta del baño y vio la caja enorme que la estaba esperando. Antes de abrir la caja, abrió la llave de la regadera, y supongo que esperaba abrir su regalo antes de meterse a bañar. Por supuesto que supuse mal. Gardenia se metió a bañar sin mayor reparo en el regalo. Cuando se acabó de bañar, se amarró una toalla al cuerpo y se dispuso a abrir la caja.

Por supuesto que gritó muchísimo cuando salí de adentro de la caja, con tantos globos que pude haberme puesto a venderlo en alguna esquina de Palmas sin problemas. Su mamá vino corriendo cuando la escuchó gritar, y gritó más que Gardenia cuando me vio, y aún más cuando vi que su hija había soltado la toalla que traía amarrada al asustarse.

Cuando la mamá empezó a gritar, voltee a verla, de abajo para arriba. Muy asustado pensé en que reconocía esos leggings rosas, así que subí rapidísimo la cabeza, hasta llegar a ver su calvicie. #damnit, su mamá era la pelona cabra montés con la que había tenido el enfrentamiento en el gimnasio.

A todo esto, Gardenia seguía encuerada.

Su mamá traía su peluca en la mano, claramente se la quitaba cuando llegaba a su casa. Con el grito y el susto y la sorpresa, también se le cayó al piso. Así que de un brinco salí de la caja, recogí la toalla y la peluca, y las aventé hacia atrás mientras salía corriendo desenfrenadamente.

No sé que le habrá dicho su mamá. Pero todo esto pasó el sábado y hasta ahorita no ha contestado los 4 mensajes que le mandé en estos días. Tengo miedo de hablarle, pero creo que todavía tengo una oportunidad porque ella no me ha hablado a mentarme la madre.

Fiuf.

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