Desde hace un año que no tienes trabajo, te corrieron por llegar tarde e irte temprano toooooooooooooooooodos los días… claro que, tampoco se puede decir que hayas sido muy eficiente o comprometido con tu trabajo, pero para ti, la razón fue la impuntualidad/puntualidad de tu horario.
Así que cuando te hablaron para un trabajo nuevo, después de que la única referencia en tu currículum era tu mamá porque todos tus jefes te han odiado, te emocionaste muchísimo. Era la primera vez que te hablaban en todo un año, después de incontables mails y llamadas a todas las vacantes posibles (incluso aplicaste para trabajar en Blockbuster… en sucursal… y ni ahí les interesaste).
¿Señor Archundia?
Señorito Artemiso, por favor.
Disculpe. ¿Señorito Artemiso Archundia?
¿Quién habla?
Hablo de HSBC.
Ya le dije que no puedo pagar mi tarjeta, no tengo dinero ni trabajo desde hace un año y no tengo ninguna pertenencia, así que intente embargarme y no conseguirá nada. A ver si ya dejan de estar jorobando.
Creo que está cometiendo un error Señor… perdón, Señorito Artemiso. No le hablo en referencia a ninguna tarjeta, sino a una vacante que tenemos aquí en el banco.
¡Ah! Usted disculpe eh, lo que pasa es que le hablan mucho a mi hermano…. eeeee, mmmmmm, Artemio… sí, Artemio. Y siempre lo confunden conmigo… y este, bueno pues…
Pero si claramente dije Artemiso, señorito, no Artemio.
Sí, pero este… mmm, bueno pero dijo algo de una vacante, ¿no? No se me desvíe del tema.
Así es, señorito. Le hablo para informarle que hemos seleccionado su currículum, junto con algunos otros pocos, para cubrir esta vacante, por lo que quería ver si sería posible que usted viniera a las oficinas centrales el día de mañana a las 9 de la mañana para una entrevista con las personas de Recursos Humanos.
Sí, claro, muchísimas gracias. Ahí estaré.
Sea puntual, por favor.
Así terminó la llamada. Tú sabías perfectamente que no eras nada puntual (más que para salir de un lugar, pero no para llegar), pero este era el trabajo de tus sueños… por fin se había abierto una vacante en HSBC, y te habían seleccionado a ti para el proceso de entrevista. Seguramente tu mamá había hablado muy bien de ti. Hijoles, ojalá no les haya contado de mis medallas de décimo lugar en esfuerzo en el Kinder, así no tendrán muy altas expectativas.
Así que no te importó poner tu despertador a las 5 de la mañana para asegurarte que llegarías a tiempo a la entrevista. La noche anterior, preparaste tu famosísima torta de huevo para tenerla lista e irtela comiendo en el camino, ya ves que dicen “barriga llena, corazón contento” y acomodaste todo tu atuendo para el día siguiente. No, mis amados converses, esta vez tendrán que quedarse guardados, les hace bien, para que respiren un poco de aire fresco. Y a las 9 de la noche ya estabas listo para dormir.
Al día siguiente, el sol en tu ventana te despertó. Órales, cuanta luz hay a las 5 de la mañana, eso quiere decir que nunca llego taaaaaan tarde del antro, mi mamá no se puede quejar. Volteaste a ver el despertador, olvidando que no había sido La Nueva Amor 95.3 Sólo Música Romántica la que te había despertado, y con horror viste que parpadeaba 12:00 sin cesar. Changos, se fue la luz en la noche. ¿Qué hora será? Así que tomaste tu smartphone (nadie se explica como has podido mantenerlo sin trabajo ni dinero y con una deuda en tu tarjeta que no puedes pagar) y después de 20 minutos de revisar Twitter, Facebook y Buzz (sí, esta historia es muy reciente), por fin te acordaste de que todo el punto del smartphone en ese momento era ver la hora. Changos, las 7:40. No hay forma de que llegue a esta entrevista. Pero era el trabajo de tus sueños. Así que saltaste de la cama, ni siquiera entraste al baño, fuiste directo a tu closet para ponerte la ropa que habías sacado el día anterior, cuando te diste cuenta de que tu fiel amigo Fido había usado tus zapatos de baño y por supuesto que no te los ibas a poner así, no sin haber una apuesta o un reto de por medio anyways, así que ni modo, tus converse no tuvieron su día libre. Está fashion mi look de hoy, no se pueden quejar. Un traje siempre se ve excelente con converse blancos de botita que tienen llamas a los lados y mis iniciales en las puntas, totalmente personalizados.
Entonces corriste a tu coche. Cuando acababas de salir te diste cuenta de que se te olvidó hasta lavarte los dientes. No importa, ahorita con mi tortita de huevo se me quita el mal aliento. Y en ese momento es cuando te diste cuenta de que no sólo se te olvidó lavarte los dientes, ir a hacer pipi, cargar tu ipod, cargar tu smartphone, a parte se te olvidó tu tortita tan rica… y por si fuera poco, se te olvidó cerrar tu coche con seguro un día antes… y tu estéreo desapareció… probablemente cortesía de tu vecino ese al que le ponchaste las llantas la semana anterior.
Bueno, no importa. Es el trabajo de mis sueños… allá voy. Y sí, allá fuiste. Cantando el camino. Obviamente había muchísimo tráfico, pero eventualmente tu hambre logró superar todo lo demás y pasaste al AutoMac. ¿Qué puede salir mal si paso por un McBurrito? Pues muchísimas cosas, claramente. No te diste cuenta hasta tiempo después, porque todo iba saliendo a pedir de boca. No había fila en el AutoMac, tomaron tu orden a la perfección, traías el cambio exacto y cuando llegaste a la segunda ventanilla, no se les olvidó darte tus tres BBQ’s extras (sí, te gusta el McBurrito con BBQ Sauce, que no te limiten). Pero claro, a la primera mordida, ya de regreso en el tráfico, se desbordó la cantidad exagerada de salsa extra que le pusiste, cayendo sobre tu saco beige (no, a la fecha, aún no sé por qué llevabas un saco beige, a mí que me dices si el que lo traía puesto eras tú).
Para ya no hacerles el cuento más largo, tras tres conatos de choque en diferentes puntos de la ciudad, una escapada de un “oficial” de tránsito por traer absolutamente todo como no debe ser (así como vidrios polarizados, verificación vencida, la placa trasera doblada, la de adelante inexistente y celular en mano), pasarte varios semáforos en rojo, por fin llegaste.
Comenzó la entrevista. Empezaron hablando de tus hobbies y eso se te hizo extraño. Se te hizo más extraño que no preguntara nada de tu educación ni trabajos anteriores. Todavía más extraño cuando te preguntó que si sabías barrer, trapear y que si te daba asco limpiar los baños. Por un momento pensaste que podía ser la mancha en tu saco que te delataba de tu falta de higiene, o a lo mejor tu mal aliento, o tus converse blancos que más bien parecían de un tono amarillo/verdoso con un poco de moho, y se trataba simplemente de una pregunta sarcástica. Pero cuando te llevó al cuarto de limpieza y te preguntó tu talla fue cuando te diste cuenta…
Todo lo que tuve que hacer para un p—che trabajo de intendencia…
Una vez más, sin palabras. Recuerdo cuando lei un cuento que habías hecho en la prepa creo de un anciano que hacía que un chavo fuera a buscar un tesoro. Con twist ending.
Me inspiras a retomar los caminos de la escritura…