Noches de Solteros: Caso de la Vida Real

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A mi edad, teniendo tres hijos ya grandecitos y un ex marido bastante molesto, habiendo practicado todo tipo de actividades y hobbies, no me quedó más que buscar un nuevo amor (o un amorío, de preferencia). Alguien con quien compartir mis más íntimas fantasías (sexuales, de preferencia) y algunos tragos coquetos (y nada más, de preferencia).

A pesar de que ahora la tendencia es conocer gente en medios electrónicos, pues a mi eso la verdad no se me da. Sólo uso la computadora para bloggear, pero por más que mis hijos me dicen del tuiter y del feisbu (si son así, ¿no?) prefiero mantenerme alejada ya que mi religión me dice que son instrumentos del demonio. Mis amigas todas siguen casadas (no sé por qué, si sus maridos son puros douches). Así que sólo me quedan dos opciones para conocer hombres guapos y fornidos: salir a pasear con mis hijos y ligarme a sus amiguitos (pero ya vi que a Courtney Cox no le funcionó muy bien en Cougar Town…) o ir a pararme al lobby bar del hotel más cercano todos los miércoles, también llamados Noches de Solteros.

Así que, con muchos esfuerzos, me metí en los pantalones embarrados de mi hija (siempre le digo que usa ropa muy ajustada, y que le va a ocasionar una infección en su vajeyjey, pero no me hace caso…), me puse sus zapatos favoritos (con muchas plantillas, porque a mi edad, me queda puro hueso en el pie y nada de carnita) y un bonito suetercito rosa pastel que llevo guardando para una ocasión especial, junto con mi collar de perlas. 4 horas despúes, entre las que se incluye una dolorosa visita a la persona que me depila, por fin estuve lista. Me subí a mi Town and Country Limited Edition 2005 y me puse en marcha.

En el camino venía oyendo los éxitos de Mocedades (mi grupo favorito desde los 10 años), cantando al únisono con Amaya Uranga (obvio, su vocalista principal).

Varias canciones después, por fin llegué a mi destino. Me estacioné en una calle aledaña, en estos tiempos de crisis no estamos para pagar $250 por un cajón de estacionamiento y un señorcito que maneja tu coche como si fuera su Atlantic ’86 y que a parte se roba todas tus monedas. Caminé dos minutos hacia el lugar en cuestión. Cuando llegué, fui decidida hacia la barra y me senté. Estaba segura de que en cuestión de minutos llegaría un apuesto y fornido joven caballero a invitarme una copa, así que pedi un White Wine Spritzer de mientras.

Pasaron los minutos, ningún caballero se interesaba en mi. Tomé el resto de mi copa y me apresuré a pedir otra. Después de 6 o 7 veces de repetir esa misma acción, me dieron unas incontrolables ganas de bailar… dicen los meseros que me veía más o menos así (claro, sin novia enojada ni carpa que tirar)

No me sorprende que haya sido después de ver mis pasos de baile que llegó ese joven apuesto y fornido que estuve esperando toda la noche. Ya había visto lo que había estado tomando toda la noche, y llegó con una copa en la mano para mi. Tengo algunas lagunas mentales de lo que pasó a continuación, pero recuerdo que era jóven y tenía unos brazos muy grandes y fuertes. Me sentía en las nubes, que alguien de tan poca edad (le calculo unos 30) se hubiera fijado en mí.

Entenderán que no dudé ni un momento en decirle… Entonces, guapo… en tu casa o en la mía? Y claro, algo me explicó de su casa y su coche que por supuesto que no entendí, pero al momento hacía sentido, que terminamos caminando juntos hacia mi camioneta. En el camino se nos acercó un muchacho que traía algo en la mano, no lograba distinguir qué era hasta que sentí que había puesto aquel objeto contra mi firme abdomen. Es una pistola… me estarán asaltando? Mis dudas se esfumaron cuando escuché… DAME TODO LO QUE TRAES GÜERITA, Y NO TE PASA NADA… asustada voltee hacia mi bolsa para dársela y me di cuenta de que faltaba algo más en mi brazo… mi joven acompañante…! ni tardo ni perezoso el jovencito ya estaba a 4 o 5 cuadras de distancia… me había dejado morir sola.

Todo terminó con una penosa llamada del interior del lugar donde había estado a uno de mis hijos para que me recogiera. Mi hijo me regañó, me quedé sin coche, sin dinero, sin celular y sin amante… Mejor limítense a conocer gente por internet, es más seguro.

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