En algún post anterior les comenté un poco acerca de mi novio “el celoso”, más bien ex-novio, porque ya pasó hace un rato y obviamente con tanto celo no iba a durar mucho tiempo…
Esta es una historia de como un niño perfectamente normal se fue poco a poco convirtiendo en un monstruo por culpa de los dichosos celos…
Todo comenzó una hermosa noche en la que mis papás y hermanos estaban fuera de viaje… por lo que yo aproveché el momento y sin más preámbulos le hablé a mi mejor amiga para invitarla a una noche de copas. Por supuesto que, como buenas niñas postpúberes, no nos dejaban llevarnos nuestros respectivos coches (ni queríamos la verdad) así que salimos con sus amigos… Fuimos a un antro que estuvo bastante divertido, donde fluyó la música, el baile, las risas y el alcohol… en medio de todo lo anterior, conocí al susodicho en cuestión, al que simplemente llamaremos Susodicho.
Este tal Susodicho pues era simpático, no muy guapo, pero tampoco feo, bastante agradable y, creo que con un poco de influencia de varios vodka/cranberry, hasta chistoso. Pasó el tiempo, la noche se acabó, nos dijimos adiós y ahí quedó todo. Después de ese día seguimos saliendo un rato (resultó que mi mejor amiga empezó a andar con su amigo, ja!) hasta que un día, de la nada, en starbucks (lugar donde no tengo mucho que hacer ya que no me gusta el café), decidió hacer la pregunta obligada. Entre risas le dije que sí y pues ya, una vez más, tenía novio.
Así que pasó el tiempo y todo estaba perfecto. Yo, la nunca fan de salir los jueves en la noche, no tenía ningún problema con que él saliera esos días con sus amigos, y él, detallistamente me llevaba flores a mi casa saliendo de sus noches de copas. Era una relación normal, sin ningún mal detalle en particular.
El problema empezó un día de la nada (de verdad, de la nada) cuando decidió ver mi celular y, tras encontrar llamadas hechas o recibidas de nombres de niños que no se le hacían conocidos, enloqueció.
Sí, así de repente… enloqueció. Empezó a gritar y después dijo que si quería seguir con él que entonces se tenían que acabar todos los demás niños… le dije que no tenía ningún problema ni nada que esconder, siempre he sido bastante fiel y cuando estoy con alguien no busco a nadie más, por lo menos no amorosamente. Y entonces dió su primer paso… borrar todos los teléfonos de niños de mi celular… Siempre he tenido muy buena memoria, así que no me importó mucho ver como poco a poco mi lista de contactos se iba reduciendo hasta terminar únicamente con mis 3 amigas, mi mamá y él.
Nuestra relación siguió como siempre, por lo que consideré ese acto de locura como un hecho aislado… nos volvimos una pareja de esas que salen solos, sin más personas, y que hacen cosas como ir a jugar tennis al club o rentar películas o ir al cine o de shopping y nunca, de verdad NUNCA salíamos con sus amigos, y mucho menos con los míos ya que estaban totalmente vetados de mi vida…
Cuando pensé que todo había regresado a la “normalidad” me sorprendió de nuevo. Algún día tuve una clase de reposición en viernes y, aunque le había dicho que en la escuela iba prácticamente como burro únicamente viendo la zanahoria que tenía amarrada a la cabeza y sin saludar a nadie, pues obviamente no era cierto… así que cual va siendo mi sorpresa cuando decidió acompañarme a mi clase de reposición. No pude evitarlo, cuando me di cuenta ya estábamos en la escuela, mis amigos saludándome y él, enojado. Se puso tan mal que me dejó en la escuela (a pesar de que habíamos llegado juntos) y yo, bueno… tuve que conseguir quien me llevara a mi casa.
Esta vez estaba dispuesta a cortarlo, pero me pidió tanto que no lo hiciera, que me ganó y no lo hice. Entonces siguió.. pero la tercera es la vencida… la última que me aplicó, y que maldigo la hora en que fui tan tonta y no lo corté antes, fue un día en el que le presté mi computadora para que se entretuviera mientras yo esperaba a pasar en mi exámen oral de Bienes y Derechos Reales (en el que saqué 10, por cierto)… bueno pues, basta decir con que borró todos mis mails, todas mis fotos y todos los posts de mi blog, e incluso mi blog…
Por supuesto que fue la última vez, fue la gota que derramó el vaso y ahí se acabó todo. Esa es la historia de un niño normal que se convitió en psicópata… ¿cómo pasó? todavía no sé… pero si lo averiguo con gusto se los hago saber, no les vaya a pasar lo mismo.